|
|
La oposición vota en señal de protesta. |
|
Haber estado antes en la plaza de toros, debió servirle de inspiración a Celia Lledó para utilizar minutos más tarde en el salón de plenos, el arte del capote como el mejor de los diestros. La primera edil volvió a sorprender a propios y extraños, al sacarse un as de la manga en forma de recurso legal, para volver a tumbar una moción socialista exigiendo el cese de su asesor de confianza.
Amparándose en un informe de la secretaria municipal, como ya hiciese en el anterior Pleno, Lledó impidió que la propuesta del PSOE llegase a debatirse siquiera, convirtiéndola en un simple ruego que no admitió votación. El informe se basó en el hecho de que la decisión de destituir a los cargos de confianza es potestad exclusiva de la alcaldesa y no del Pleno.
Pese al pataleo de los grupos de la oposición y de los ediles campistas presentes, Juan Carlos Pedrosa, Virtudes Amorós, Mari Paz Poveda y Adela Serra –Juan Richart optó por no acudir al ser parte interesada-, la solicitud realizada por los socialistas no pudo someterse a voto, quedándose en un mero ruego que, evidentemente, no fue atendido por la primera autoridad.
La actitud de Lledó exasperó los ánimos de los bancos de la oposición y, más todavía, si cabe, en sus propias filas, entre los concejales díscolos que no daban crédito a la situación. Tanto es así que al finalizar la sesión, los 4 ediles campistas se sumaron al gesto de protesta protagonizado por socialistas y verdes, quienes efectuaron una votación simbólica exigiendo el cese del asesor de Ocio, Isidro Gosálbez.
Poco después, los ediles díscolos se reunieron con su compañero Juan Richart -quien aguardaba el resultado del Pleno en el despacho de Virtudes Amorós- para preparar la estrategia a seguir a partir de ahora. |